Literatura
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El rostro de las letras

“Una imagen tiene un valor en sí mismo, como una partitura musical, como un poema.”

 (Fernand Léger, pintor cubista francés)

La Voz de los Sin Voz ha visitado la exposición ‘El rostro de las letras’ donde por primera vez los grandes escritores que han habitado nuestro país, desde el Romanticismo hasta la Generación del 14, dejan sus plumas a un lado y cobran vida de nuevo fotografiados por sus coetáneos en su actividad diaria pública y también privada. Recorremos más de un siglo de Historia a través del reflejo de la imagen de los grandes de las letras, quienes tienen algo en común con sus compañeros fotógrafos: ambos crean representaciones en nuestro imaginario social que permanecerán eternas a pesar del irremediable paso del tiempo.

Calle Alcalá (1895)

Para celebrar el tercer siglo de existencia de la RAE ‘El rostro de las letras’  abre sus puertas en  la Capital hasta el 11 de enero de 2015 y pueden visitarlo en el número 31 de la más literaria de las calles madrileñas, la calle Alcalá. Les dejamos una pequeña muestra de las más de 250 piezas que podrán encontrar en la exposición,  fruto del surgimiento de las primeras técnicas fotográficas con el daguerrotipo y el calotipo hasta los inicios del reporterismo gráfico a comienzos del SXX. Si no eres de Madrid, no te preocupes, podrás acercarte a uno de los capítulos más importantes de la cultura contemporánea española en otras ciudades a lo largo de 2015. Les aproximamos a algunos de los detalles que podrán encontrar entre la gran colección de fotografías, postales, folletos, novelas populares y revistas ilustradas de la época que retrataron en su día a los miembros más destacados de este periodo cultural irrepetible.

Bienvenidos a ‘El rostro de las letras’.

-Fotografía: Vicente Romero-

Retratos de Miguel de Unamuno y Pío Baroja realizados en el estudio del pintor Juan Echevarría. VICENTE ROMERO (1930)

El representante del llamado “fauvismo español” y uno de los grandes retratistas de España del SXX, Juan Echevarría, cedió sus estudios para que el fotógrafo Vicente Romero pudiera captar sendos rostros de ‘La Generación del 98’ en torno a 1930. A la izquierda, Miguel de Unamuno aparece representado de pie, erguido con su particular semblante serio. Sostiene lo que a primera vista parece un pañuelo blanco, sin embargo los que conozcan un poco  las aficiones de este escritor  podrá advertir que se trata de un trozo papel , ya que era un gran apasionado de la papiroflexia desde bien pequeño. ¡Unamuno incluso se hacía sus propias pajaritas con este material!

A la derecha, el inconformista Pío Baroja, miembro del ‘Grupo de Los Tres’ pionero de esta generación  junto con Azorín y Maeztu, aparece leyendo unas notas a través de sus gafas circulares y la inseparable boina que le corona y remite a sus orígenes vascos.

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Unamuno,  obra del pintor Juan de Echevarría.

” La pluma no produce en España nada a nadie; yo suelo decir que con el dinero que me traen las cuartillas, solo tengo para merendar. Es una cosa muy triste que las letras en este país no le produzcan al que las cultiva lo suficiente para vivir y tenga que estar a la caza de un destino de un hueco en la política en vez de ilustrarse”

(Miguel de Unamuno)

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Pío Baroja, obra del pintor Juan Echevarría

“El fabricante de novelas es, sin duda, y ha sido siempre un tipo de rincón, agazapado, observador, curioso y tenaz”(Pío Baroja)

Como no podía ser de otra manera, Ramón María de Valle Inclán adquiere un importante protagonismo a lo largo de este recorrido fotográfico y literario. Ya en la primera sala se reconoce, enmarcada en dorado sobre elfondo azul, la figura de este enigmático escritor que aparece sentado, de perfil, sosteniendo en su regazo un libro al que parece acariciar con la única mano que le queda tras perder la izquierda en en una disputa con el periodista Manuel Bueno en un Café de Madrid. Este episodio no le impidió convertirse en uno de los poetas más virtuosos de la literatura española dejándonos una importante herencia escrita marcada por su ácida visión de la sociedad del momento, rendida por la cruda realidad  del Desastre del 98.

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La exposición muestra una fotografía de Valle Inclán rodeado de sus hijos

En el retrato de la derecha aparece en una escena de lo más entrañable  y es que a pesar de la indiscutible atracción del autor por lo irracional y lo esotérico, así como el aura de misterio que desprendía allá por dónde pasara, cuando Valle Inclán se quitaba su máscara de  leyenda se convertía en un humano como otro cualquiera.

Así describía Antonio Machado, con la bondad que le caracteriza, al autor de ‘El Ciclo de Sonatas’, obra cumbre de la prosa decadentista de nuestro país:

“Era el primer gallego de su siglo y el mejor escritor de Europa. Era un santo de las letras, el hombre que sacrifica su humanidad y la convierte en buena literatura, la más excelente que pudo imaginar”.

 Abajo, otra escena propia del Valle Inclán más humano, un hombre que a pesar de que su frágil salud le obligaba a permanecer horas postrado en su cama, nunca dejó de escribir. Por ello hoy podemos seguir disfrutando de su extenso legado, un regalo que no pierde vigencia.

La frágil salud de Valle Inclán le obligaba a pasar los últimos años de su vida en la cama, desde dónde escribía. En esta ocasión el fotógrafo Alfonso le pilló leyendo un ejemplar de  'El noticiero' (1930)

La frágil salud de Valle Inclán le obligaba a pasar los últimos años de su vida en la cama, desde dónde escribía. En esta ocasión el fotógrafo ALFONSO le pilló leyendo un ejemplar de ‘El noticiero’ (1930)

La exposición complementa la colección fotográfica  con distintos ejemplares de prensa, novelas, folletines, ilustraciones y caricaturas de la época.  Siguiendo la estela del creador del Marqués de Bradomín, de gran valor es poder leer el especial que la revista ‘Crónica’ le dedica a su muerte, el 5 de enero de 1938 en Santiago de Compostela.

El especial se abre con una de las más famosas fotografías de Valle Inclán por Pepe Campúa, que retrata a la perfección la imagen que casi todos tenemos del escritor, expresión reservada y marcadas facciones que se dejan ver tras los cristales de sus características gafas y la gran barba  de “chivo”, como diría Ruben Darío, tan constante en su rostro desde la juventud. En el lateral izquierdo pueden observar a el maestro del esperpento a sus 40 años de edad.

La revista 'Crónica' dedica un epecial a la muerte del escritor en enero de 1938

Ejemplar del especial de la revista ‘Crónica’ dedicado a la muerte del escritor en enero de 1938

En el texto que muestra la doble página detrás de la vitrina aparece una conversación entre el autor y el periodista Don Luis Ruiz Contreras cuando acaba de ser sorprendido por la  noticia. “¡Gran figura, maravilloso escritor pierde España! y un hombre enterizo de un decoro y una dignidad insobornable” afirma contundente Don Luis al enterarse de la pérdida y sigue el artículo:

“- Don Luis ¡ quiere usted que hablemos un poco del hombre, de sus primeros años en Madrid, tiempo de la vida de Valle Inclán que usted conoce tan bien!

– Como usted quiera. Valle Inclán, tan original, tan inconfudible en sus pergiles, supo fijar la atención del Madrid literario de la época desde el primer momento. Un día me dijo el dibujante Ángel Pons: << Ha llegado a Madrid un escritor gallego, que dice que viene ahora de Méjico y de otras Repúblicas americanas, que es un hombre desconcertante. Quiero que lo conozca usted.>> Y en efecto, una tarde fui a la tertulia de Pons, que se reunía con Félix Llano y Francos Rodríguez en la cervecería de San Jerónimo y allí, al fondo, vi solitario ante una mesa a un hombre joven, barbado, con larga melena, traje de paño obscuro, ribeteado con cinta de seda, una capa amplísima, chistera y unos quevedos de carey, tras de los cuales brillaban unos ojos dulces y penetrantes. Aquel hombre era Valle Inclán. Le confieso que el personaje antes nos movió a zumba que a admiración. Se contaban de él cosas extrañas y peregrinas. La leyenda comenzaba a nombrarlo, y ya sabe usted en el pacato ambiente del Madrid de entonces las lumbres y hablillas que despertaba una leyenda”

“Para ti mi cadáver, reportero

mis anécdotas todas para ti.

Le sacas a mi entierro más dinero

que en mi vida mortal yo nunca vi”

(Valle Inclán)

Estudio de Venancio Gombau en Salamanca (1915 aprox)

Estudio de Venancio Gombau en Salamanca (1915 aprox)

La exposición es una clara muestra de como tanto el lenguaje visual como el escrito refuerzan la manera en la que se construye un mensaje y se narra la realidad. Dedica toda una sala a los otros grandes protagonistas de la exposición, aquellos que se esconden detrás de las luces, las sombras, los blancos y los negros: los fotógrafos. Se hace especial hincapié en los estudios fotográficos, muy activos durante el SXX, dónde los autores de las imágenes se dedicaban a eternizar el rostro de todo aquél pusiera un pie en ellos y gracias a ese conjunto de circunstancias hoy podemos disfrutar del amplio archivo fotográfico que nos dejan.

Las palabras de Azorín, el máximo representante de ‘La Generación del 98’,  son las encargadas de dibujar en una de las paredes de la sala un bonito perfil de este grupo profesional.

” Id a buscar en las apartadas callejuelas, en los sotabanos humildes, los viejos fotógrafos. Ellos son unos hombres sencillos y llenos de bondad. Viven retraidos y silenciosos; tal vez usan un bonete redondo; es posible que lleven unos bigotitos y unas gafas de oro. Esos fotógrafos se acuerdan con tristeza del tiempo viejo. El recuerdo de los isnignes personajes del pasado flota todavía en sus estudios. Hay en ellos un telón con jardín y unas nubes con muebles;el reclinatorio en que apoyan al cabeza está en primer término, luego observáis el sillón vetusto, venerable, en que se sentaron, hacen muchos años, personajes ilustres. Una sensación de paz, de bienestar, os sobrecoge al entrar en estos estudios de fotógrafo.” (Azorín)


Y tras estas suaves pinceladas les dejamos con unas cuántas fotografías tomadas en la exposición. Pueden hacer click para ampliarlas. Recuerden que tienen hasta el 11 de enero para visitar ‘El rostro de las letras’ en la Sala Alcalá, 31. Les aseguramos que no se arrepentirán.

Pedro Antonio de Alarcón en los días corresponsal de guerra en Marruecos. MARTÍNEZ SÁNCHEZ (1859)

Pedro Antonio de Alarcón cuando era corresponsal de guerra en Marruecos (1859)

Perro Benito Perez Galdós (1915) ALFONSO

Benito Perez Galdós, fotografiado junto a un perro por el fotógrafo Alfonso (1915)

Miembros del equipo de reporteros del semanario Estampa (1930)

Miembros del equipo de reporteros del semanario ‘Estampa’ (1930)

Talleres de revelado de uno de los primeros estudios de Alfonso, en el arranque de la calle de Fuencarral durante la dictadura de Primo de Ribera

Talleres de revelado de uno de los primeros estudios de Alfonso, en el arranque de la calle de Fuencarral durante la dictadura de Primo de Ribera

Entierro de Blasco Ibañez, ataúd diseñado por Mariano Benlliure. Valencia

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Ejemplares de La Novela Corta

Armando Palacio Valdés con un grupo de lectoras en El Retiro. Madrid (1935)

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Antiguo estudio fotográfico

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