Literatura
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Las distopías, dictaduras del futuro

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“La telepantalla seguía vertiendo estadísticas increíbles. En comparación con el año pasado había más comida, más ropa, más casas, más muebles, más utensilios de cocina, más combustible, más barcos, más helicópteros, más libros y más recién nacidos…más de todo, excepto enfermedad, delitos y locura. Año tras año y minuto a minuto, todo aumentaba vertigiosamente. Igual que Syme, Winston había cogido la cuchara y estaba trazando dibujos con un reguero de salsa que había sobre la mesa. Meditó enfadado sobre la textura física de la vida. ¿Habría sido siempre así? ¿La comida siempre había tenido ese sabor? […] En tu estómago y en tu piel había siempre una especie de protesta, una sensación de que te habían privado de algo a lo que tenías derecho. Cierto que no conservaba ningún recuerdo muy distinto. No recordaba con claridad ningún momento en que hubiese habido suficiente comida, nunca había tenido calcetines o ropa interior que no estuvieran llenos de agujeros […] nunca había nada barato y en abundancia excepto la ginebra sintética. […]

¿Por qué todo iba a parecer tan insoportable a menos que uno conservara una especie de recuerdo ancestral de que las cosas habían sido distintas?”

George Orwell, 1984

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Una distopía se define como una sociedad ficticia indeseable en sí misma. En este sentido, tanto George Orwell como Adolf Huxley diseñaron su propias pesadillas futuristas. Para algunos son puras fantasías, mientras que para otros muchos son el cuaderno de bitácora del destino al que deriva la sociedad actual.

La primera observación de los primeros capítulos nos acerca a realidades ciertamente diferentes aunque con un nexo: el cambio. Ambas sociedades, tanto la orwelliana como la de Huxley han pasado por una transición realizada por una nueva élite estatal que ha reconvertido los pilares del sistema anterior. Sin embargo, es destacable que en Un mundo feliz dicha sociedad distópica parece adaptada al cambio, en paz con sus creencias y costumbres, pues de hecho su transición ha sido fruto del avance de la sociedad de forma natural.

En cambio, en la obra 1984 dicha transición se ejecuta de forma brusca y radical tras haberse fraguado en una revolución que pretendía la exaltación de la libertad, para convertirse luego en un régimen peor que el anterior. Orwell nos plantea aquí un cuento con moraleja intrínseca, muy parecida a la que se deslizaba entre las páginas de Rebelión en la granja; todos los radicalismos beben de la misma fuente.

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Las élites: Gran Hermano y los Alfa

Como hemos indicado, el mundo orwelliano se caracteriza por la sumisión de la sociedad a manos del llamado Partido, la única voz permitida. Pese a que son pocas las cosas que verdaderamente se prohíben, nuestro protagonista Winston Smith está convencido de que cualquier movimiento – incluso un breve parpadeo – es suficiente para que la Policía del Pensamiento te declare sospechosa de traición. El engranaje perverso de ministerios y secciones administrado por el partido está liderado por el Hermano Mayor (conocido en otras versiones como Gran Hermano o Big Brother en la versión original inglesa). Este personaje misterioso, del que poco se sabe, vigila con sus grandes ojos la asfixiante vida de los ciudadanos desde cada rincón. No en vano, su rostro está presente en todas las tapas de los nuevos libros, en los carteles de los edificios y en los retratos de las paredes.

En cuanto a la disposición de sus seguidores, podemos decir que la militancia en el Partido es llevada por muchos de los ciudadanos con mucho fervor, afrontando las miserias con dignidad, creyéndose todos los nuevos datos que día tras día emiten las telepantallas y apuntando a sus hijos a los Espías, algo parecido a los Boy Scout pero con un carácter fuertemente doctrinal y un sentido “práctico” amplio; enseñar a los niños a delatarse los unos a los otros.

En cambio, en el libro de Huxley podemos ver una sociedad ya estabilizada e inconscientemente sumisa. La predestinación genética de los miembros impuesta por los científicos hace que sea prácticamente imposible la existencia de individuos desalienados.  En efecto, dentro de los centros de acondicionamiento todos los individuos reciben las premisas que marcarán su vida.

 Por este motivo, aunque existe una élite, realmente no está encargada de controla a cierta parte de la población, puesto que todo “sale como está previsto”. Cada casta tiene sus costumbres, sus miedos, sus actividades y su ocio en relación a la actividad productiva que deban desarrollar:

-¿Y para qué se necesita conversar un embrión por debajo de lo normal?- se arriesgó a preguntar un estudiante de buena fe.

-¡Qué burro!- dijo el Director rompiendo su largo silencio-. ¿Nunca se le ha ocurrido a usted pensar que un embrión Épsilon necesita un ambiente Épsilon y una herencia Épsilon?

-Cuánto más baja sea la casta- dijo Mr. Foster- se le da menos oxígeno. El primer órgano afectado es el cerebro y después el esqueleto. […]  el hombre no está aún maduro sexualmente hasta los trece  y no ha terminado su desarrollo hasta los veinte años. De ahí proviene, desde luego, el fruto de ese desarrollo: la inteligencia humana. Pero en los Epsilones – decía muy acertadamente –  no necesitamos inteligencia humana. […] largos e inútiles años de inmadurez. Si el desarrollo físico pudiera hacerse tan rápido ¡qué gran ahorro para la Comunidad!

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Asimismo, en Un mundo feliz existe un líder  ideológico, algo así como un dios, llamado Ford – claro guiño al creador de la producción en cadena – cuya religión fordiana prescribe las pautas del comportamiento social considerado como correcto.

El control de la cultura como clave del éxito

El Partido, caracterizado por el uso de monos de trabajo azules que tan poca confianza inspiran a los “proles”, controla a la población a través de un complicado sistema de control cultural. Así, miembros del partido entre los que se encuentra nuestro protagonista se encargan de modificar las noticias de periódicos antiguos, adaptándolos a la realidad. La nueva historia se reescribe todos los días, borrando del mapa a nuevos desertores, intercalando cifras falsas y cambiando alusiones y discursos para que sean más acordes al nuevo sistema:

“El pasado no solo cambiaba, sino que cambiaba continuamente. Lo que más contribuía a producirle aquella sensación de pesadilla era que no acababa de entender por qué se llevaba a cabo aquella gigantesca incompostura. Las ventajas inmediatas de falsificar el pasado eran evidentes, pero la razón última era misteriosa”

Las actividades cotidianas de los miembros también están controladas. En este sentido, encontramos un símil con Huxley, puesto que cada casta tiene diferentes formas de entretenimiento acordes a su inteligencia y desempeño social. Asimismo, en ambos libros las  élites tienden a un consumo habitual y continuado de las llamadas “drogas de la felicidad”: el soma y la ginebra sintética. 

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El sexo también formará parte de la cultura y estará fuertemente estereotipado en ambas obras. Por un lado, en la narrativa de Huxley vemos que el sexo carece de sentido práctico al nacer los niños de probetas, por lo que su ejercicio es meramente lúdico. De hecho, se insta a las castas a practicar sexo con sus semejantes y es raro aquel que no realiza dicha actividad, como pasa con uno de los protagonistas de Un mundo feliz, Bernard Max, que a pesar de ser un Alfa-mas posee características físicas propias de los Gamma, de casta inferior. De hecho, este será uno de los principales motivos por los que el inseguro psicólogo viva frustrado y sea crítico con su sistema, conducta por la cual se verá atraído por la reserva de Malpaís y por los salvajes, humanos que no nacen de probetas y que tienen padres y madres – algo desagradable, extraño e imcomprensible para los fordianos.

Sin embargo, en Orwell para totalmente lo contrario. El sexo está castigado incluso en los matrimonios concertados por el Partido. Su única práctica se ejerce con una misión; procrear. Ejemplo de ello son las Ligas Antisexo que el propio partido exalta.

Para finalizar, hay que destacar que en ambas obras está prohibida la lectura de ciertas novelas consideradas “subversivas”. En Un mundo feliz, por ejemplo, se considera subversiva “Romeo y Julieta” porque el amor está considerado como un sentimiento poco práctico, una enfermedad que penetra en los individuos con la única finalidad de causar dolor, insatisfacción y tristeza.

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Los indeseables; los proles y los salvajes

En ambos libros existen seres humanos no alineados, seres independientes al Partido o sistema predominante, que viven en una sociedad paralela a los demás. Es curioso como en ninguna de las dos novelas existe intención alguna de eliminar a dichos individuos por parte de las clases dirigentes. Pese a ser descritos como miserables incapaces de llevar a cabo algún tipo de revuelta o movilización, serán el punto de inflexión que haga que los protagonistas de ambas novelas comiencen a vislumbrar otro tipo de vida.

Winston  albergará las esperanzas de que los “proles”, que superan en número y masa a los miembros del Partido, adquieran una concienciación de clase que les lleve a reclamar sus derechos y libertades. Por su parte Bernard, el alfa-mas con ciertas deficiencias físicas – y por ello bicho raro entre sus semejantes- verá en la figura de El Salvaje, John, la exaltación de las pasiones que a su sociedad le han sido negadas; la verdadera naturaleza del ser humano.

Todos aquellos que hayan leído y disfrutado ambos libros saben que los análisis comparativos podrían ser mucho más extensos. De hecho, podríamos analizar qué papel juega la tecnología en ambas distopías o cuál es la moraleja si nos basamos en el final de los protagonistas. Sin embargo, con este análisis hemos querido acercar a los próximos lectores a nuevos mundos y animarles a que sean ellos los que realicen la verdadera comparación.

Para ampliar información, puedes visitar el estudio comparativo en viñetas que realizó Stuart Micmillen en 2009 haciendo click en la imagen.

Asimismo, en La Voz de los Sin Voz analizamos ambas obras de forma comparativa, tejiendo una red de coincidencias y disgregaciones. Puedes escuchar el programa completo haciendo click en el siguiente reproductor:

http://www.ivoox.com/voz-sin-voz-24-06-2013_md_2186124_wp_1.mp3″

Ir a descargar

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