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Dalí y Lorca: arte, amor y guerra

Dalí Lorca, Lorca Dalí. Hablar sobre cuál de los dos influyó más en la personalidad del otro sería como entablar una discusión sobre si fue primero el huevo o la gallina. Es por ello que ningún autor que se precie a analizarlos individualmente puede destruir el binomio artístico que estos jóvenes españoles crearon. Y nosotras no seríamos menos.

En nuestro programa, Lorca y Dalí; arte, amor y guerra, hemos querido rescatar a estos dos artistas, admirados por muchos e incomprendidos por otros tantos, centrándonos en las obras de uno en las que quedó reflejada la mirada del otro. Desentrañaremos algunos secretos escondidos en cuadros, en cartas y poemas. En ocasiones, pequeños guiños infantiles que los dos se dedicaron tras el comienzo de su amistad en la lejana España de 1922, en la Residencia de Estudiantes.

Dalí agarrado de la mano de Lorca, en Madrid

Se dice que se conocieron casi por casualidad, cuando uno de los amigos de Federico llamó a los demás la atención sobre un joven catalán de 18 años, un tal Salvador Dalí, que realizaba cuadros aún más excéntricos que su persona. Al parecer, el poeta y dramaturgo se sintió atraído de inmediato por su amigo, un muchacho de pocas palabras que compensaba su huraño carácter con su fructífero mundo interior.

Por su parte, Lorca, amante de la conversación, la gente y la fiesta, también cautivó el alma de Dalí, que vio en el granadino un ejemplo de arte apasionado, capaz de hacer de lo cotidiano un mundo de texturas. Aunque de esto sabemos que Dalí nunca aprendió lo suficiente.

Uno de los primeros ejemplos de la intervención divina que fue para Dalí el encontronazo con Lorca es el cuadro Academia Neocubista, que Dalí pintó con escasos 19 años y en el que vemos a Federico caracterizado como marinero.

Academia Neocubista, Salvador Dalí

La rosa será una de los elementos que ambos utilizarán para reflejar su amor e intensa admiración. De hecho, aunque Dalí durante su obra se referirá a dicha flor como representación del sexo femenino, también hará acopio de ella al escribir las largas cartas al granadino. Éste, le escribirá en su Oda a Salvador Dalí estos versos:

Pero también la rosa del jardín donde vives. ¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros!  Tranquila y concentrada como una estatua ciega,  ignorante de esfuerzos soterrados que causa. 

Rosa pura que limpia de artificios y croquis  y nos abre las alas tenues de la sonrisa  (Mariposa clavada que medita su vuelo).  Rosa del equilibrio sin dolores buscados.  ¡Siempre la rosa! 

Rosa Meditativa

Comentábamos en el programa que dichos versos parecen describir el famoso cuadro de la Rosa Meditativa del catalán. Puede que sea mera coincidencia, o puede que sea un fiel reflejo de la amistad de ambos.

Para Lorca, como vemos, la relación mantiene un equilibrio tenso “sin dolores buscados”. Perfecta, pero en cierta manera artificial, como la rosa que pintó Dalí.

Regresamos a los años veinte, donde la Residencia de Estudiantes fue caldo de cultivo de los grandes pensadores y artistas de esa época. Se encontraban en un clima de prosperidad y progresismos, muy lejos de lo que les depararía el destino tras el estallido de la Guerra Civil Española. Pero no nos adelantemos. Durante estos años, Salvador Dalí invitará a sus íntimos a Cadaqués, el pueblo marinero en el que su familia veraneaba; uno de los enclaves más importantes de la vida de Dalí.

Dalí y Lorca en Cadaqués

El pintor acababa de terminar el servicio militar y sus amigos se morían por verlo. Allí, Lorca conoció a la familia de Dalí, a la que deshizo en halagos y con la que congenió desde el primer momento. Se sabe que Lorca nunca ocultó su homosexualidad, por lo que el único que no vio con buenos ojos la relación de ambos fue el padre del pintor; el notario de Figueras. Puede que debido a la influencia de su padre, severa en algunos casos, el joven Dalí reprimiera sus instintos sexuales, no sólo homosexuales sino también heterosexuales, hasta bien entrada la madurez. De hecho, en entrevistas posteriores, Dalí llegó a afirmar que Lorca quiso intimar con él, pero que esta unión nunca fue consumada. Otro ejemplo de su letargo sexual fue su amor incondicional por Gala; la que se le presentó desnuda y le dijo “tómame”; la única mujer que tomó – según aseguró Dalí- en toda su vida.

De Cadaqués también hablará Lorca en sus escritos:

Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,  eleva escalinatas y oculta caracolas.  Las flautas de madera pacifican el aire.  Un viejo dios silvestre da frutas a los niños. 

Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena.  En alta mar les sirve de brújula una rosa.  El horizonte virgen de pañuelos heridos,  junta los grandes vidrios del pez y de la luna. 

Una dura corona de blancos bergantines  ciñe frentes amargas y cabellos de arena.  Las sirenas convencen, pero no sugestionan,  y salen si mostramos un vaso de agua dulce.  

Cuadro pintado por Lorca popularmente conocido como “El beso”, aunque el poeta nunca lo llegó a titular

Esta fue, sin duda, una de las etapas más fructíferas para ambos. Se encontraban por aquel entonces realizando de forma conjunta la obra de Mariana Pineda, una composición teatral de Federico García Lorca donde Dalí participó como escenógrafo y autor de los decorados.  La obra se estrenó en el Teatro Goya de Barcelona en 1927. Y pese a que muchos biógrafos coinciden en apuntar que durante estos años comenzarán a separarse nuestros protagonistas, los recientes descubrimientos del estudioso Ian Gibson, autor de una de las mejores biografías de Lorca, dicen lo contrario.

Lo cierto es que Salvador Dalí fue expulsado de la Academia en 1926 y se dirigió a París, centro neurálgico de las nuevas corrientes que atraían al autor, en concreto, del surrealismo. Allí conoció a personajes notables como Picasso y su círculo de amigos se hizo extenso y variopinto. Ya no nos encontramos ante un Dalí retrospectivo, sino ante una fiera del espectáculo y de las gentes, que descubrió en su excentricismo personal la fuente de admiración de los demás.

Por otro lado, Lorca viajará a América y más tarde a Latinoamérica, continente donde le depararán grandes éxitos. Durante esta etapa, ambos artistas establecerán una intensa comunicación a través de cartas, donde se refleja la amistad perenne que les unía y en la que encontraremos algunos elementos como San Sebastián. 

En una de sus cartas, Dalí le expresa a Lorca su intención de realizar un cuadro en donde la figura del poeta se difumine con la de San Sebastián, patrón de Cadaqués. Este personaje bíblico fue un romano que se hizo cristiano y fue asesinado por ello. Su amor por Dios y la defensa de su fe han sido tomados desde tiempos memorables por los cristianos homosexuales, que deciden reprimir sus impulsos sexuales para servir a su religión. Estas referencias bíblicas, controvertidas y llenas de dobles significados, las podemos observar en las letras de Salvador:

“Se ve claro que mi oficio es pintar, pero, en fin, creo que digo cosas. Deseo, ¡mon cheri!, una muy larga carta tuya… En mi San Sebastián te recuerdo mucho y a veces me parece que eres tú… ¡A ver si resultará que San Sebastián eres tú!… Pero ahora déjame que use su nombre para firmar. Un gran abrazo de tu San Sebastián”.

Muchos dicen que es aquí, durante la etapa de Lorca en EEUU, donde el granadino procederá a “surrealizar” su poesía debido a las demandas de su amigo, que desde París criticaba la “putrefacción” de su estilo. Así nacerá Poeta en Nueva York, desde donde se emitirán los versos que hemos compartido de Oda a Salvador Dalí. 

El término “putrefacto” hacía referencia a la juventud de ambos, donde los nuevos artistas de la Residencia de Estudiantes se dedicaban a criticar a sus predecesores. Confirmaron así la muerte del viejo arte en pos del nuevo. Y Dalí llevó este término al máximo exponente.

Dibujo de Salvador Dalí donde se adivina la primera frase en la que dice: “putrefacto, putrefacto putrefacto”

En 1934 volvieron a reencontrarse en Barcelona, un encuentro donde Dalí afirmó que pese a los años que habían pasado ambos se hablaban como si no se hubieran separado nunca. Pasarían dos años más hasta el estallido de la Guerra Civil y el asesinato del joven granadino. Tras esta conmoción, Dalí pintó Aparición de rostro y frutero, donde, en teoría, de adivina la cara del poeta andaluz, al que le escribió:

“Adiós, te quiero mucho, algún día volveremos a vernos, ¡qué bien lo pasaremos!”

Muchas más anécdotas, historias y mucho, mucho arte, en el programa que dedicamos a la figura de ambos en La Voz de los Sin Voz, escúchalo aquí:

http://www.ivoox.com/voz-sin-voz-08-07-2013-lorca_md_2216380_wp_1.mp3″

Ir a descargar

No podemos marcharnos sin antes atender al mito de Tristán e Isolda, un amor tan infranqueable como imposible, que dio nombre a una de las más notorias óperas de Wagner; la favorita de Salvador Dalí. Con ella nos despedimos hasta la próxima entrega.

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