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La figura del vampiro en el imaginario social

Imagen de portada: John Jay Glenn

Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre la fina nariz y las ventanas de ella peculiarmente arqueadas; con una frente alta y despejada, y el pelo gris que le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca, por lo que podía ver de ella bajo el tupido bigote, era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios, cuya notable rudeza mostraba una singular vitalidad en un hombre de su edad.  En cuanto a lo demás, sus orejas eran pálidas y extremadamente puntiagudas en la parte superior; el mentón era amplio y fuerte, y las mejillas firmes, aunque delgadas. La tez era de una palidez extraordinaria. 

Entre tanto, había notado los dorsos de sus manos mientras descansaban sobre sus rodillas a la luz del fuego, y me habían parecido bastante blancas y finas; pero viéndolas más de cerca, no pude evitar notar que eran bastante toscas, anchas y con dedos rechonchos. Cosa rara, tenían pelos en el centro de la palma. Las uñas eran largas y finas, y recortadas en aguda punta. Cuando el conde se inclinó hacia mí y una de sus manos me tocó, no pude reprimir un escalofrío. Pudo haber sido su aliento, que era fétido, pero lo cierto es que una terrible sensación de náusea se apoderó de mí, la cual, a pesar del esfuerzo que hice, no pude reprimir”. 

Acabamos de leer un fragmento del diario que Jonathan Harker escribía en la novela prima de Bram Stoker, Drácula. En el texto, nos encontramos ante la descripción que el protagonista realiza sobre su peculiar anfitrión , aunque no nos confundamos; el perfil vampiresco se ha ido conformando a lo largo de los siglos, mucho antes de que el autor rozara la idea de escribir sobre ello.

Los chupasangre, literalmente

LA MITOLOGÍA VAMPÍRICA EN LA CULTURA POPULAR

Debemos hacer un largo viaje por el folclore europeo puesto que, aunque las primeras reflexiones escritas datan del siglo XVII, el imaginario vampírico será muy anterior a dichas escrituras. Así, encontraremos a entes malditos aficionados al consumo de sangre humana en la Antigua Grecia o en Egipto.

Sin embargo, el mayor auge vampiresco tendrá lugar en la Europa de los siglos XV, XVI, donde la peste negra, además de otras epidemias, hacía grandes estragos en la población. Las numerosas muertes prematuras y el ambiente de depresión y misera serán los causantes de la vuelta de las antiguas creencias paganas, donde se tenía una arraigada tradición vampírica.

Nos quedamos en la Europa Oriental, donde surgirá por primera vez el término vampir para referirse a seres que chupan y que vuelan, unas características que serán similares a los murciélagos de la zona cazadores de ganado.

Es en estos países donde hay un fuerte arraigo de la concepción del vampiro; fallecidos que no han muerto en circunstancias propicias y que no han recibido los rituales funerarios o religiosos pertinentes. Posteriormente, estas almas en pena se levantaban de sus tumbas para alimentarse de la sangre fresca de un humano. Hay testimonios de gente que asegura haber exhumado a estas criaturas de la noche tras un largo período bajo tierra, encontrándose con un cuerpo que desprendía más vitalidad que el de cualquier pueblerino.

Aunque no debemos hacer una generalización, puesto que la figura del vampiro, sus características y su origen dependerán de la creencia popular a la que nos enfrentemos. Así, en la antigua Grecia se creía que eran los niños y jóvenes que habían muerto de forma prematura, así como los adultos que hubieran fallecido en extrañas circunstancias relacionadas con actos violentos, los que podían convertirse en fantasmas vagabundos. Más originales eran en China, donde el origen de los vampiros tendrá una estrecha relación con las maldiciones por actos impuros.

El Lamia retratado por Herbert James Draper

Sin embargo, encontraremos un punto en el que todas las culturas parecen coincidir: si un vampiro te muerde, estás perdido, pues su maldición te alcanzará el mismo día en el que pongas un pie en la tumba.

Como vemos, las raíces del vampirismo hacen referencia a criaturas nada atractivas, carentes de toda la sensualidad y del raciocinio que parece caracterizar a los vampiros actuales. Puede que la simbiosis entre la temeridad y la sensualidad como arma para llevar a cualquier mortal a un despiadado fin se encuentre en el mito grecolatino del Lamia, una criatura femenina que asustaba a los niños, seducía a los hombres y se alimentaba de sangre humana.

Esta primera aproximación a lo que actualmente conocemos como vampiro será llevada a la literatura por Polidori. El autor, dotará a su obra culmen, El Vampiro , de tintes románticos y de una apariencia atrayente y algo extravagante. Es por ello que muchos estudiosos señalan a Lord Byron como la principal fuente de inspiración del escritor.

Tras él vendrán muchos más, como Le Fanu con Carmilla, en donde el vampiro toma apariencia de muchacha joven desvalida, que se aprovechará de su apariencia frágil para ir exprimiendo a su víctima noche tras noche.

Aquí ya podemos atisbar los primeros signos del cambio de la concepción del vampiro. Si bien es cierto que nunca quedará atrás la brutalidad animal con la que un vampiro actúa (aquí sería necesario aclarar que no estamos hablando de vampiros edulcorados del tipo Crepúsculo), si que es cierto que esa bestialidad quedará disimulada bajo un manto de atractiva apariencia, de un aura de atracción que hará que los mortales caigan a sus pies.

Establecidas algunas premisas literarias e históricas, es necesario destacar que es imposible hablar del vampiro moderno sin atender a ciertos personajes que la historia recuerda por su particular crueldad para con sus semejantes.

Decían que Vlad Tepes, a pesar de su corta estatura, tenía una presencia prominente a causa de la profundidad de sus ojos y a la crueldad de su carácter.

LOS VAMPIROS DE LA HISTORIA

Hablamos de Vlad Tepes, el empalador, Elizabeth Bathory, la condesa sangrienta  y de Gilles de Rais, conocido en la literatura como Barba Azul. 

Todos ellos con razones y motivaciones diferentes, pero en las que siempre terminaban manchados de sangre. Vlad Tepes será recordado en la historia universal por su particular política exterior; embajador que venía a rendirle tributo al reino de Valaquia (sur de Rumania), embajador que trinchaba cual filete en una pica. Pese a su crueldad, el rey empalador fue muy admirado por sus súbditos, puesto que mantenía a raya a los turcos, a los asesinos y a los ladrones. Todos ellos pasaban a adornar las altas colinas que rodeaban el castillo de Vlad Draculea.

Una motivación menos servil era la que usaba Bathory como excusa para asesinar a sus víctimas. La condesa, obsesionada con mantener al juventud, decidió darse baños de sangre con  los fluidos vitales de jovencitas vírgenes de poca casta, aunque cuando el género empezó a escasear no dudó en secuestrar a hijas de nobles de la zona, por lo que su secretismo al final salió a la luz. En los alrededores de su castillo se encontraron cientos de cadáveres de pequeñas desdichadas, al igual que en sus aposentos, donde algunas de ellas seguían aún con vida. Su castigo fue no menos ejemplar, puesto que ante la imposibilidad de ejecutarla, suerte que sí tuvieron todos lo sirvientes de la condesa, se resolvió emparedarla en la mismísima torre de su castillo hasta el fin de sus días. Sin luz, sin ventanas y sin una puerta por la que soñar una huída, Elizabeth se volvió loca y murió cuatro años más tarde.

Otro caso no menos sorprendente es el del francés Gilles de Rais. De familia noble y de alta cultura, combatió junto a Juana de Arco durante la Guerra de los Cien Años. Puede que fueran los resquicios de la guerra los que hicieron que su malsana mente lo convirtiera en uno de los primeros asesinos en serie de la historia. Codicioso y despilfarrador, de dejó embaucar por”maestros” de las artes ocultas y alquimistas, que le aseguraron que lo colmarían de bienes a cambio de ciertos sacrificios; de niños. A Rais este hecho parece ser que no le escandalizó mucho, ya que él mismo se dedicó a darles caza, a violarlos y a desmembrarlos, para luego darse un lote con su sangre.

EL VAMPIRO DE BRAM STOKER

Stoker, fotografía tintada

La novela de Bram Stoker, publicada en 1897, marcó un antes y un después en la concepción global de la figura del vampiro. Al parecer, una de sus grandes influencias fue la figura de Vlad Tepes, personaje del que le habló el erudito húngaro Arminius Vámbèry. Sin embargo, no debemos menospreciar a los autores de los que ya hemos hablado, como Polidori o Le Fanu, que de seguro fueron modelos previos a la constitución del conde drácula.

Hay que destacar de Bram Stoker la potencialización de las características eróticas del vampiro que había iniciado Le Fanu con su personaje vampítico, Carmilla. Aquí, vemos a un conde viejo que rejuvenece con la pretensión de conquistar a su amada, reencarnada en la figura de Mina Harker. El vampiro adquiere además tintes aristocráticos, una novedad que puede tener relación con los sangrientos casos de Bathory o Gilles de Rais. Esta tendencia aristocrática tendrá una profunda aceptación por parte de los lectores y podremos verla en casos de literatura vampírica posterior, como es el caso de  las novelas de Anne Rice. Se decía que la familia de Oscar Wilde, excéntrica como el mismo autor y de alta cuna, influyó de manera decisiva a Stoker, lo que podría ser otra explicación posible a su interés por la aristocracia.

Por otro lado, debemos destacar otra de las grandes novedades del libro de Bram Stoker; la narración en primera persona establecida mediante cartas y diarios de  los protagonistas de la obra; Mina y Jonathan Harker. Es interesante ver cómo describe Jonathan su primer contacto con el conde Drácula, un viejo excéntrico con un castillo en Transilvania, y la apariencia con la que se muestra a Mina y que ella recalca en su diario. Esa dualidad entre repulsión y atracción que el personaje puede adoptar dependiendo del resultado que quiera tener.

ANNE RICE O LA EROTIZACIÓN DEL VAMPIRO 

Fotograma de la adaptación de Entrevista con el vampiro

Son muchos los que critican la labor de la escritora estadounidense, que ha comercializado la figura del vampiro desde que en 1976 se editara Entrevista con el vampiro, el primer libro de la saga Crónicas Vampíricas. Si bien es cierto que la autora agrega pocos detalles a la figura del vampiro y se mantiene bajo los parámetros de sus predecesores, no debemos menospreciar el trabajo realizado con la erotización de la figura del monstruo. Un dato curioso y que no mucha gente conoce es que la autora editó mediante pseudónimo muchas novelas de tinte erótico y romántico antes de pasarse al género de terror y que seguirá escribiendo ya bajo su nombre con la llegada de la popularidad.

Los vampiros de Anne Rice son seres pasionales, que no abandonan la brutalidad de su naturaleza pero que a la vez son conscientes de la potencial influencia que su imagen tiene sobre los demás. Los vampiros aprenden a hacer uso de sus extraños encantos sobrehumanos para conseguir diversos fines.

Los tintes aristocráticos vendrán dados por los personajes principales de la saga, Lestat y Louis, aficionado al uso de chorreras y chaquetas de terciopelo hasta bien entrado el siglo XX.

***

Unas servidoras en la exposición

Unas servidoras en la exposición dedicada a la figura de Bram Stoker en el Matadero de Madrid, 2013

PODCAST

Pueden escuchar el programa íntegro que le dedicamos a la figura del vampiro a través del siguiente enlace:

http://www.ivoox.com/voz-sin-voz-27-05-2013_md_2077571_wp_1.mp3″

Ir a descargar

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