Literatura
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El Marqués de Sade

“Los primeros principios de mi filosofía, Juliette -continuó Mme. Delbène, que estaba muy apegada a mí desde la pérdida de Euphrosine- consisten en desafiar la opinión pública; no puedes imaginarte, querida mía, hasta qué punto me burlo de todo lo que puedan decir de mí ¿Y, por favor, cómo puede influir en la felicidad esta opinión del vulgo imbécil? Sólo nos afecta en razón de nuestra sensibilidad; pero si, a fuerza de sabiduría y de reflexión, llegamos a embotar esta sensibilidad hasta el punto de no sentir sus efectos, incluso en las cosas que nos afectan más directamente, será totalmente imposible que la opinión buena o mala de los otros pueda influir en nuestra felicidad. Esta felicidad debe estar dentro de nosotros mismos; no depende más que de nuestra conciencia, y quizás todavía un poco más de nuestras opiniones, que son las únicas en las que deben apoyarse las inspiraciones más firmes de la conciencia.”

Desafiar a la opinión pública, romper los moldes establecidos, denunciar la doble moral de las más altas esferas y actuar conforme a sus propias apetencias y valores. Así era ya en el SXVIII el peculiar Donatien Alphonse François de Sade, más conocido por su título: El Marqués de Sade.  Debido a las inusuales prácticas sexuales por las que se inclinaba este conocido escritor francés, también hubo de ganarse el título de ‘Padre del Sadismo’, dónde el juego de víctima- verdugo que le proporcionaba un placer inusitado a base de inflingir dolor a sus compañeras de alcoba, podría bien trasladarse al juego de su propia vida.  Una vida marcada por la condena de su pensamiento y rechazo social que provenía sobre todo de la cúspide de poder y que, a pesar de pasar gran parte de su vida entre rejas, muros y penumbras  nunca pudo doblegar sus deseos, pasiones y pensamientos.

El Marqués de Sade, no dudó en elegir el camino del vicio, los excesos y los escándalos en detrimento de la tan perseguida virtud, cualidad que, según él pertenecía únicamente a los hombres hipócritas que solo buscan el reconocimiento personal.

Sin entrar en valoraciones morales, lo que realmente podemos aprender del  pensamiento impenetrable del Marqués de Sade es  su valentía,  a pesar de no seguir la corriente de la muchedumbre nunca se dejó influenciar por opiniones ajenas  y buscó la felicidad a su manera,  a fuerza de reflexión en su conciencia, burlándose de sus verdugos y disfrutando de los placeres de la vida. Uno de los cuales era escribir, pero las letras de Sade eran consideradas demoníacas, sus explícitos libros fueron  prohibidos en muchos países durante un largo periodo de tiempo.  Esto no evitó que las mentes más abiertas, los espíritus más rebeldes pudieran acceder a sus obras de forma clandestina y a sabiendas del castigo que esto supondría. En la Australia de los 60, por ejemplo, se convirtió en un auténtico icono contracultural, así lo defiende el actor que lo interpreta en la película Quills, Geoffrey Rush, en una entrevista de Beatrice Sartori.

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Durante su encierro en La Bastilla, apuntar que durante la Revolución Francesa lugar dónde le trasladaron tras su estancia en la fortaleza de  Vincennes, escribió una carta a su administrador que decía así:

“En La Bastilla trabajé sin cesar, pero destrozaron y quemaron todo cuanto había. Por la pérdida de mis manuscritos he llorado lágrimas teñidas de sangre. […] Las camas, las mesas o las cómodas pueden reemplazarse, pero las ideas… No, amigo mío, nunca seré capaz de describir la desesperación que me ha provocado esta pérdida.”

Hay quién dice que en los últimos años de su vida le llegaron a arrancar la lengua, Doug Wright en la película antes mencionada, simbolizó la prohibición integral de las obras del  Marqués con este escabroso hecho. También dicen que el autor de ‘Los crímenes del amor’ una vez llegó a utilizar  un hueso de pollo manchado en su propia sangre, usando la ropa como soporte,  al ser castigado por las autoridades a quedarse en la celda sin tinta ni pluma; parece que este es otro guiño que representa la ardua necesidad de escribir en su grado extremo. Alrededor de estos grandes personajes que parecen cogidos con pinzas y  puestos en una época que no les pertenece, quizá por ser más adelantados que sus coetáneos, siempre flotan mitos que no son del todo cierto, que bailan entre la realidad y la leyenda.

Sus escritos dónde los actos violentos, extremos, subversivos y sexuales son una constante, pueden entenderse perfectamente tres siglos después de ser escritos. Utiliza un lenguaje cargado de sarcasmo y retórica, dónde la falacia se usa para describir la hipocresía de la sociedad de entonces.  Realizó novelas, relatos, cuentos, ensayos y hasta teatro.  Además de ‘Los Crímenes del amor’,  se le atribuyen otras obras como ‘Justine o los infortunios de la virtud’, ‘Juliette o las prosperidades del vicio’, ‘Las 120 jornadas de Sodoma’ y ‘La filosofía en el tocador’.

Pero a pesar de esto, sí se puede estudiar al Marqués de Sade como producto de su propia época precisamente por la influencia de las ideas de la Revolución Francesa en su persona y por consiguiente, en sus irónicos y mordaces escritos dónde cuestionaba constantemente el poder.  Él hacía llamarse ‘Ciudadano Sade’ aludiendo al nuevo concepto de persona adherida a unos derechos innatos, al concepto de libertad y naturaleza, alejado de todo trato despótico y dogmático de la religión y las leyes.

El escritor y cineasta Gonzalo Suárez publicó una novela en 1999 titulada de esta manera. En ella habla de la satanización de la figura de Sade y todas las condenas a las que se vio sometido, quizá por este miedo que tienen los poderosos de todo aquel que se sale del patrón único basado en las costumbres. Peca, sí, pero no lo hagas público y menos aún te jactes de ello.

Con esto no queremos transmitir el rol de Sade como una víctima del sistema, él jamás permitió esto, nuestro “antihéroe” protagonizó varios episodios que aún a día de hoy podrían escandalizar a cualquiera y por ello estuvo al borde de la guillotina y la pena de muerte en varias ocasiones pero se salvó de todas.  Murió nada más y nada menos que a los 74 años de edad, eso sí algo extasiado y enfermo por los largos años bajo la oscuridad.

Se entregaba a sus pasiones, a la idea de libertad individual por encima de todo, a la necesidad, a veces obsesiva, de saciar sus deseos mediante  orgías, fiestas en las que los placeres carnales eran los principales invitados.

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Un episodio cuanto menos curioso del escritor maldito por     antonomasia, es el relacionado con dos prostitutas a las que intoxicó sin querer con un ungüento  de propiedades afrodisíacas proveniente de la llamada ‘ mosca española’ . Se ve que el marqués calculó mal la dosis que serviría para potenciar la sexualidad y las autoridades, que ya sabían de su historial blasfemo le acusaron de intento de asesinato.

Algunos dicen que el Marqués de Sade era más perverso en sus escritos que en su vida, lo que es indudable y lo que queremos resaltar de su persona es precisamente,  su necesidad constante y a veces obsesiva de escribir, de manera que parece que utilizaba este arte como vía de escape de una realidad que no aceptaba su sistema de valores.  El mismos decía:

“Utilizo lo real y lo trasciendo, lo llevo hasta mas allá de cualquier límite, me sirve de palanca para negarlo, destrozarlo, y así revelarlo mejor, lo exagero hasta convertirlo en una fantasía, en una alegoría, en toda una simbología de nuestra condición humana.”

En  nuestro país , la personalidad oscura e independiente del Marqués de Sade ha servido de influencia  a la hora de crear otros  personajes  entregados al erotismo,  al amor prohibido o las relaciones  escandalosas.  Sade es uno de los modelos que emplea Valle- Inclán para el perfil del Marqués de Bradomin, protagonista  de sus  famoso ciclo de sonatas, consideradas la cima de la prosa del decadentismo español.

Si desean saber más de esta peculiar figura, pueden leer  una biografía de la colección ‘”Personajes de la historia” titulada, ‘ Yo, Sade’ escrita por el periodista y escritor español Rafael Conte.

“Imperioso, colérico, irascible, extremo en todo, con una imaginación disoluta como nunca se ha visto, ateo al punto del fanatismo, ahí me tenéis en una cáscara de nuez… Mátenme de nuevo o tómenme como soy, porque no cambiaré.”

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