Especiales, La figura del lobo, Miscelánea
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La licantropía

Lycaon, el primer hombre-lobo

LAURA MORALES

La licantropía, o la conversión del hombre en un lobo, es uno de los mitos más arraigados en las leyendas populares. Este hecho, fuertemente potenciado por el miedo que el hombre tiene de dejarse llevar por sus instintos, ha inspirado a multitud de escritores y artistas de todos los tiempos. Es por ello que desde La Voz de los Sin Voz hemos querido ofrecerte una visión de esta dualidad analizando la obra de algunos autores como es el caso de Boris Vian. Pero para entender toda la simbología que se cierne sobre este mito y que a su vez ha afectado a la imagen que se tiene del lobo, debemos remontarnos  a la antigua Grecia.

      En la extensa producción mitológica de la civilización griega encontraremos al primer hombre lobo, Licaón, antiguo rey de Arcadia, aunque otras versiones lo harán hijo de Titán y de Gea.  Gobernante querido por el pueblo y culto, fundó la ciudad de Licosura, una de las más antiguas de Grecia. En ella, erigirá un altar en honor a  Zeus, al que corresponderá llevando a cabo sacrificios humanos, sucumbiendo a la locura causada por su religiosidad extrema.

En ese momento  Zeus, disfrazado de peregrino, accedió al palacio de Licaón y éste se apresuró a preparar los utensilios para matarlo. Sin embargo, alertado por algunas señales que mostraban la presunta divinidad del extranjero, hizo cocinar carne de sus víctimas para luego ofrecérsela al peregrino. Zeus, furioso, transformó a Licaón en lobo, para luego incendiar el palacio donde vivía, un mausoleo testigo de la crueldad del monarca.

La maldición no sólo llego al padre, sino que se extendió a los hijos del licántropo, caracterizados por sus personalidades insolentes e impiadosas. Como era de esperar, Zeus los convirtió a todos en lobos.

Tras este mito, muchas historias han achacado los asesinatos de personas o sus desapariciones a las actividades de varios hombres-lobo, a pesar de que ninguna de ellas ha podido ser confirmada. Así, el mito del licántropo se ha extendido a todas las civilizaciones a través de varios cauces, aunque todas confluyen en caracterizar al hombre convertido en bestia como un ser salvaje y cruel sediento de sangre humana.Pero, ¿existen realmente los hombres-lobo?

En el programa hemos analizado la vida del primer asesino en serie de la historia de España, Manuel Blanco Romasanta, que curiosamente fue el primer enfermo al que se le diagnosticó en nuestro país la llamada licantropía clínica. Este hombre, nacido en Galicia en 1809, elegía a víctimas débiles, madres e hijos, a los que se ofrecía a acompañar durante su travesía desde los montes gallegos hasta otras comunidades norteñas como Asturias o Cantabria, prometiendo trabajo y una nueva vida. Ninguna llegó a su destino.

Creyentes o no del mito, lo que es indudable es su fuerte arraigo en la cultura popular y su posterior influencia en la literatura universal de todos los tiempos, que a su vez se ha trasladado a la gran pantalla de una forma constante. Así, encontramos obras como el relato corto del escritor francés Boris Vian, “El lobo-hombre”, donde se retrata la vida de Denis, un lobo civilizado que vive en una cueva cerca de París.

Un día, es mordido por el Mago del Siam, con la mala suerte de convertirse en un hombre. Aprovechando la oportunidad que le brinda el destino, decide realizar una pequeña visita a la ciudad y observar así cómo vive el hombre en su medio.

 Tras una serie de desafortunados encuentros, Denis vuelve a la seguridad de su cueva, convencido de que la vida es más tranquila sin la compañía de los humanos, a los que considera animales crueles, desconcertantes y viles.

Siguiendo con la visión del lobo en la literatura nos encontraremos con el reconocido “Lobo estepario” del escritor Hermann Hesse, donde el autor complementará un marcado estilo autobiográfico con algunos atrezos fantásticos, con el fin de retratar la profunda crisis espiritual que sufrió en la década de los años veinte. Vemos aquí la personificación de un ser que no consigue adaptarse al mundo que lo vio nacer, marcado por la crisis económica y el empobrecimiento cultural. Este libro, que tiene muchas visiones posibles, es la obra más reconocida del autor suizo.

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